sábado, 27 de septiembre de 2008

Noticias - Jorge Martín


Pican aquí, tocan allá, como la plaga de langostas, no se quedan quietas en ningún lugar y por donde pasan no dejan ni al suplente. 
Venden los crímenes como un thriller de suspenso, como una lujosa comedia de enredos. Prometen protagonistas elusivos cambiando según la temperatura o el rating. Apuntan la adrenalina directo a los detalles más oscuros; las víctimas, los daños son siempre personajes secundarios. La verdad es un pobre argumento. Nos robaron el tono y las palabras para ocultar los duelos bajo la mirada preocupada y el gesto adusto de alguien que habla mesurado sólo para escuchar lo que le dictan. Eso sí, siempre con aspecto impecable.
Bajo la potente luz de los reflectores se ilumina el ángulo que favorece la ley de las grillas y el presupuesto. El control remoto selecciona bajo libertad vigilada, son muy pocos los que se atreven a elegir y muy fáciles de detectar.
En ese estrecho rectángulo de alta definición donde se ve menos con más acción, ataviada de lujo la realidad se viste de mona y aspira como en los concursos de belleza a ser la reina de la ficción. 

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